Cuando no hay AMOR
cualquier circunstancia que se produzca en contra de la razón individual de la
persona, esta le lleva a la discusión, juicio o crítica y, a la no
superación de la circunstancia, atrayendo entonces el dolor, la ira y la frustración,
siendo estos sentimientos y emociones que dañan a la persona y producen una
vida de infelicidad.
Por el contrario,
cuando existe integrado el sentimiento AMOR, que no es otra cosa que dar la
libertad al otro/a que se manifieste como le plazca, porque esa libertad
también nos la damos a nosotros mismos, ninguna circunstancia nos llevará a la discusión,
simplemente observaremos y veremos que aprendemos de ello, que beneficio nos
aporta en nuestra vida esa circunstancia y agradeceremos que se haya producido.
Hacer esto último
es el mayor éxito en nosotros que jamás hayamos podido imaginar porque requiere
de una serenidad, una paz y un amor incondicional hacia todo y todos, y hacia nosotros mismos.
Más allá de
cualquier situación, si observamos sin formar parte, desde la neutralidad,
aprenderemos a relativizar y a darnos cuenta que lo que tenemos delante de
nuestros ojos es un ser manifestando su realidad.
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